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lunes, 19 de mayo de 2008

Nuevo comienzo

En el curso de Antropología que estoy tomando en el instituto justo este sábado recién pasado comenzamos a ver a San Agustín de Hipona y su visión del hombre. La particularidad de él es que antes de ser sacerdote y posterior obispo hizo de todo en su vida. En su búsqueda incesante de lo correcto y de la verdad lo probó todo (lo que moralmente se permitía él). Era un mujeriego de aquellos de antología. Pasaba de fiesta en fiesta mientras su madre rezaba para que Dios le ayudara a cambiar su estilo de vida, ya que ella siempre fue muy creyente. Fue tanto lo que vivió este personaje que hasta tuvo un hijo.
Con el paso del tiempo, con la gente que empezó a frecuentar, con lo que escuchaba, se fue formando su nueva vida y su enamoramiento de Cristo.
Tanto fue lo que llegó a amarle que decidió entregar su vida para Él en el sacerdocio.

Esta vida de San Agustín la plasmó él mismo en un libro titulado "Confesiones" el cual comencé a leer el mismo sábado, pues siempre escuché de su vida "licenciosa" pero nunca he leído su historia y que mejor que hacerlo de la misma fuente.

Lo primero que me llamó la atención de estas confesiones es que comienza su libro invocando al Señor para que se haga presente en esas líneas y es lo que yo quiero hacer también en este blog en el que se hablará de todo.
Mas en esta invocación san Agustín se da cuenta de algo y lo plasma de una manera especial. Los que me conocen de más tiempo recordarán que cada vez que la gente decía "nos ponemos en presencia del Señor" yo tenía algo que rebatirles, bueno, es el mismo hecho al que este personaje hace alusión: Dios está siempre presente, queramos o no.
Mi amigo Agustín -me permito llamarle así porque estoy seguro que él no rechazaría mi amistad, no por tratarse de mí, sino porque él no dudaría un segundo en hacer un amigo más para poder entregar todo su amor proveniente del Señor- escribe en medio de su invocación: "¿es cierto que todo cuanto existe te abarca? Luego si yo también existo, ¿por qué invitarte a que vengas a mí, si yo no existiría si tú no estuvieras en mí?" Y vaya que cierto es esto.

Más adelante se pregunta lo siguiente: "Porque fuera del cielo y la tierra, ¿a qué rincón voy a retirarme para que desde él venga a mí el Señor que dijo: Yo colmo los cielos y la tierra?"

¿Cómo les quedó el ojo con eso? Sí señoritas, sí caballeros, el Señor todo lo abraca y no podemos ocultarnos de Él, tampoco podemos separarnos de Él, pues está en todos lados y nos inunda con su ser. Es bueno que lo sepamos y nos demos cuenta que hacer algo que dañe a Dios finalmente nos dañará a nosotros y/o a nuestro entorno. Porque al Señor se le han dado muchos nombres y han querido presentarlo de muchas formas, pero la única forma de la cual nunca estarán equivocados al mostrarlo es: Amor.

A ti Señor, que eres Amor que se vierte en mí día a día, que me invita a vivir y ser feliz, y que mediante tu Gracia salvadora me haces poseedor de vida eterna, dedico este blog y te nombro celador de cada palabra, para que en ellas, ya sean de crítica, de humor, de llanto, de regaño, etc. haya siempre ese toque tuyo que la hará tan especial.

1 comentarios:

Hola Polo:
Jaja que bueno un nuevo blog.
El mio creo que murio de soledad, me aburrí de escribir cosas sin ninguna trascendencia, asi que tal vez me anime y haga otro.
Yo tambien he leido a San Agustin, gran hombre de Dios. Lamentablemente su vision de la total necesidad del hombre de la gracia de Dios y solo la gracia de Dios, fue desechada y reemplazada por las obras.
San Agustin se dio cuenta a traves de las Escrituras de la corrupcion e imposibilidad del hombre de agradar a Dios y que SOLO por la gracia de Dios a traves de la Fe el hombre es salvo.
Un abrazo desde Valparaiso.

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