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miércoles, 8 de abril de 2009

Hacía pocos días que había llegado a la ciudad, lo hacía entre vítores y regalos de la gente. En las calles se agolparon para darle la bienvenida, cantaban de alegría, tiraban serpentina, lo niños andaban con globos, en fin, el pueblo estaba feliz, por fin los visitaba uno de los grandes.

No venía solo, había mucha gente que lo seguía desde hacía un tiempo atrás, era un gran orador, otros decían que un tremendo mago, por ahí decían que les daba tranquilidad, lo que haya sido les atraía y por eso le seguían.

También estaban los otros, los que no le querían, los que le tenían envidia por todo lo que era capaz de hacer, no era mucho, pero la gente lo amaba y eso a ellos les daba rabia, no entendían porqué y tampoco querían saberlo, sólo querían que se callara, que no hablara más, que no hiciera más trucos, ni que repartiera más comida.
El dinero le escaseaba y casi siempre se invitaba, junto a sus amigos, a comer a otro lado, y nunca le decían que no, es más, se sentían honrados con su presencia, era una especie de rey, pero encubierto.

Su simpleza provocaba más envidia, pues con simples harapos lograba imponer la moda, en cambio ellos, los que tenían el poder dentro de la ciudad no lo lograban ni con los tremendos lujos que poseían y de los cuales ostentaban.
Este hombre llegaba a contagiar de su alegría, a traer un nuevo mensaje, pero no esperaba lo que más tarde le ocurriría...

Mañana el siguiente capítulo.

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