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martes, 27 de mayo de 2008

La lluvia

Anoche cuando me estaba acostando llovía copiosamente (bonita palabra copiada de los relatos futbolísticos que escuché en mi adolescencia). Desperté a las 4 de la madrugada con el llanto de Gabriel, que me parece era por frío, y seguía lloviendo. Y cuando finalmente me levanté para ir a ducharme (aunque les cueste creer yo también me ducho y me enjabono entero para estar limpiecito), a las 6 y media de la mañana, continuaba lloviendo. Por conclusión brillante deduje que las calles estarían mojadas (es aquí cuando la multitud me aplaude por mi gran ocurrencia) y que no sería fácil transitar por ellas.

Cruzar la calle Lo Ovalle en Quilicura casi me costó quedar en medio de la laguna que se formó. Entonces apreté el botón oculto del Albito y junto a Gabriel y Jacque empezamos a remar para poder salir. Luego vino el otro problema: los vidrios empañados. Eso que se sumaba al agua que caía hacía que mi visualización fuese casi nula, ni con el pañito que tenía se ponía mejor la vista.

No les diré que era un bólido en la autopista, pero sí puedo decir que llegamos a salvo a la sala cuna los tres para esperar la inauguración.
Todo iba bien hasta que a Gabriel le dio sueño y fue tanto, que lloraba sin consuelo, con lágrimas corriendo por sus mejillas y sollozos que hacían más triste la escucha. Tuve que partir hacia otro rally, esta vez a la casa de mi suegra para que el campeón durmiera tranquilo.

Ahora que estoy en el trabajo sigue lloviendo, y bastante, por lo que supongo que el camino a casa será dificultuoso y un tanto largo.

Esa es mi ciudad, llueve un poco (esta vez ha sido mucho) y se inundan las calles.

Bueno, saludos a mis lectores y ánimo para ponerse los impermeables y llegar en bote a casa, mojados como diuca, a comer sopaipillas.

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