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lunes, 21 de febrero de 2011

El regreso

De repente se vio en un desierto, tan solo su fiel caballo lo acompañaba, ese córcel que lo miraba con compasión en los momentos más duros, cuando hacía más calor entre la arena y el sol de Atacama. Se le veía llorar en el camino, pero el Caballero seguía, no tenía más remedio, al frente estaba la esperanza de encontrar verdor, agua, sombra.

Unos cuantos meses pasaron hasta que encontró un bosque, muy frondoso, tanto que el Caballero se perdía constantemente en la búsqueda de la salida. Sabía que había un solo camino que lo guiaría donde su Doncella, pero era tanta la vegetación que se distraía a menudo mirando las flores, trepando a los árboles, comiendo de los frutos que caían de las ramas, que no lograba concentrar sus fuerzas en alcanzar la meta.
Los árboles le entregaban noticias sobre su Doncella y no eran auspiciosas, le decían que ella ya no quería verlo, que mejor se perdiera en el bosque para no molestarla. El vacío se hacía presente entre tanta vegetación y el recuerdo del momento más triste que ha vivido llegaba a invadirlo.

Pasaron fiestas, celebraciones, fechas importantes a su lado, pero él no podía disfrutar, solo participaba para no quedar tan al margen de lo que el pueblo festejaba.
Un año y 10 meses era demasiado tiempo lejos de su Doncella...

Entonces, a lo lejos, vio una luz. Sus ojos se abrieron como nunca antes había ocurrido y galopó hacia esa luz, algo le decía que tenía que intentarlo, que el caballero que no se atreve jamás sabrá si hizo bien o mal.
Cuando llegó a la fuente de emanación de esa bella luz se dio cuenta que estaba en lo correcto, era ella, su Doncella, en lo más alto del torreón. Abajo encontró la puerta abierta y no dudó un segundo en dejar toda su carga de lado y correr a su encuentro.

Después de subir muchos escalones el Caballero llegó a la habitación de la Doncella, dejó su espada a un lado y se acercó a fundirse con ella en un beso lleno de pasión, nostalgia, felicidad...
El orgullo no era bienvenido en ese abrazo y no lo sería nunca más, ya mucho daño había hecho.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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