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jueves, 3 de marzo de 2016

Los Años Maravillosos

Durante la década de los 80 se exhibió en Chile, en televisión, una serie norteamericana en la que el protagonista recordaba su infancia y adolescencia entre 1968 y 1973, esa bella época del colegio, Los Años Maravillosos.
Y bueno, en mi caso no es muy distante, puedo decir que esos años de estar en el colegio fueron mis propios años maravillosos.

Cada día era una aventura, desde el primer día que estuve en una sala, en el prekinder, donde junto con un amigo nos escapamos un par de veces de la sala y nos pillaron ocultos en otro lugar, sin razón alguna. En kinder ya éramos "grandes", así que ahí conocí a mi primer amor: la tía María Elena (o como se llame porque no me acuerdo bien del nombre). Recuerdo que lo que más me gustaba de estar ahí era poder revisar esos libros con pop up, o sea, que los abría y aparecía un castillo o un animal que se salía de las hojas para que yo lo tocara.


De primero a quinto básico asistí a un colegio que quedaba cerca de mi casa. Ahí fui premiado por rendimiento académico, aprendí a leer muy bien a mitad del primero, tuve un mismo profesor jefe durante todos esos años, nos tiraban las patillas del pelo cuando nos portábamos mal, tuve una fuerte discusión con mi profesor en tercero porque yo no quería hacerle caso de puro orgulloso que era. También me enamoré, pero de esos amores platónicos que uno siempre recuerda. Una de ellas era compañera mía, estaba en mi sala, cerquita, pero siempre supe que no me pescaría ni en bajada.
La otra era de un curso superior, ojitos verdes, tez blanca y cabello más abajo de los hombros, liso. 

Además fueron los años en que me dieron un poco de independencia en mi hogar y me dejaron irme solo desde el colegio a mi casa. Incluso una vez intenté engañar al inspector, y ya lo había logrado, pero cuando iba a salir por la puerta me arrepentí y conté la verdad.

En sexto básico me cambié a otro colegio en el cual me quedé hasta salir en cuarto medio. Qué maravillosos años. Sería egoísta con todo el resto de mi vida decir que esos años fueron los mejores, pero sí puedo decir que fueron maravillosos.
Era la época en que no existían las consolas de vídeo juegos (solo contábamos con "Atari"), no existía el Internet, menos los teléfonos celulares. Es por eso que no hay tanto registro gráfico de lo que viví en esos años, pero sí está el recuerdo en la mente de lo bien que la pasé jugando a la pelota en la calle, al tombo, las naciones, el corte cadena, el caballito de bronce en el colegio, al bachillerato, y tantas cosas más que me hacen mirar hacia atrás y sentirme feliz.

Hoy, para mis hijos, estar en el colegio ya no es lo que yo viví, es todo muy distinto, porque en 30 años vaya que ha cambiado la sociedad. Es quizás por eso que muchos padres y madres dejamos a nuestros hijos con aprensiones en su sala de clases, y estamos ansiosos de que ya sea la tarde para poder verlos y preguntarles como estuvo su día.
Pero bueno, hay que crecer también, y no lo digo por ellos, lo digo por mí como padre, porque soy yo el que debe entender que mis hijos ya están creciendo y que empiezan a ver el mundo con sus propios ojos y a interactuar de manera independiente con su entorno, con todo lo que eso significa.

Tal vez nunca esté listo ni yo, ni tú para soltar a los regalones de la casa, solo sé que ocurrirá y debo empezar a asimilarlo.

Por ahora hay que dejarlos que disfruten de esto que empiezan, de estos Años Maravillosos.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

1 comentarios:

Siempre que recuerdo el primer dia de clases, me viene a la mente una hermosa canción llamada Letter to me ;)

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