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jueves, 19 de febrero de 2015

Un viaje, mil recuerdos

De pronto el bus baja la marcha y se mete por caminos estrechos, con un cerro a un lado y hacia el otro se empezaban a ver algunas casas. La tierra era el elemento que sobresalía en todo ese pueblo desconocido para mí.

Niños corrían por las calles de tierra, también en algunas plazas y en las canchas ya gastadas por su uso. Nuncha había estado ahí, pero ese pueblo tenía una magia especial, un encuentro con mi niñez, con esa inocencia de los juegos y de la vida sencilla. En los patios se veía la ropa colgada en esos tendederos hechos con alambre o con una simple cuerda, levantada por un palo largo.

El movimiento de la gente del bus me indicaba que algunas personas se bajarían y ahí fue cuando miré hacia adelante y vi en letras grandes que decía: Terminal de buses de Ovalle.
Leer eso y traer a la mente a mi amigo Rodrigo fue algo inmediato. Siempre escuché de boca de él las historias sobre Ovalle y Guanaqueros, "sus tierras" como él le dice aún.
Más encima esa misma semana cumplía años de vida mi amigo y yo estaría a más de 400 kms. de distancia, y aunque ni siquiera lo llamé siempre lo tuve presente.

Ver esas canchas e imaginarlo a él cuando chico jugando entre la tierra fue inmediato. En ese entonces ya era malo, pero bueno, es mi amigo, no por eso lo voy a dejar de querer. Algo mejoró con la pelota en los pies.
Si bien no me bajé del bus ese pequeño recorrido por Ovalle me llevó a entrar en su mundo y sentirme un poco más su amigo.


Amigo mío, sé que ni siquiera te llamé ese 13 de febrero, pero mediante estas líneas te quiero desear un muy buen año de tus tantos que ya llevas en este mundo.
Un abrazo enorme a la distancia.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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