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jueves, 9 de octubre de 2014

Solos en la noche

El libro de Rodrigo Fluxá comienza relatando los acontecimientos ocurridos la noche del 2 de marzo del 2012 y madrugada del día siguiente, que finalmente llevan a la muerte 25 días después al joven Daniel Zamudio.

Esta investigación periodística busca desentrañar (y lo logra) no solo los motivos por los que Daniel encuentra su fin aquella noche, sino también todas las circunstancias que llevaron a otros 4 jóvenes a encontrarse con él en ese lugar, a esa hora y darle de golpes hasta que se aburrieron.

En el juicio también se vislumbran las motivaciones para golpear a Zamudio y si bien esto sirvió para que se creara una Ley Antidiscriminación (según el autor es solo un cúmulo de buenas intenciones, a lo que adhiero), hay que mencionar que en ningún momento a Daniel se le asesinó por su condición de gay, nunca se le discriminó por eso por parte de sus agresores.

Si no vas a leer el libro continúa leyendo esta nota, de lo contrario cambia de sitio web y empieza con la lectura de esta investigación para que descubras por ti mismo lo que llevó a este joven a este trágico desenlace.

Daniel estuvo en el lugar equivocado, a la hora equivocada y en un estado inadecuado.
La ingesta de alcohol de este muchacho lo llevó a quedarse dormido en una banca de una plaza, donde posteriormente lo encontraron sus victimarios y después de mucho bromear con él, producto también de los efectos del alcohol, descargaron toda esa rabia acumulada que tenían contra su vida misma, contra la sociedad que nunca los comprendió ni amparó, contra su familia que casi no existió.

Este libro no solo sirve para conocer los pormenores de un terrible caso policial, sino también para reflexionar sobre nuestro rol como padres y como miembros (y constructores) de una sociedad.
¿Estamos haciendo bien nuestro trabajo?
¿Tenemos hijos para desquitarnos con ellos de todos nuestros males o para amarlos y criarlos en un clima donde puedan crecer en armonía?
¿Qué tanto sé de la vida de mis propios hijos e hijas?

Vamos, aún estás a tiempo de dejar de mirarte el ombligo y darte cuenta que al lado tuyo hay muchas más personas que también tienen problemas y que también buscan soluciones. Juntos la tarea se hace más fácil.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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