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miércoles, 30 de julio de 2008

El árbol y las parejas

Ya lleva varios días el árbol parlante en la estación Metro Baquedano. Es un árbol de tronco grueso y de frondosa copa, y en el centro de su cuerpo boca, ojos y nariz enfrentan a los transeúntes que día a día pasan apurados por su lado.

Pasan ejecutivos, gerentes, ingenieros, estudiantes, deportistas, juniors, dueñas de casa, párvulos, telefonistas, políticos, personajes de la farándula, en fin, de todo tipo de personas transitan por ahí y apenas se percatan que el árbol les saluda y les quiere entregar su mensaje.
Relata historias, recita poemas y da consejos para contribuir con su habitat natural.

Hay otros que se acercan y se instalan frente a él para observarlo y escucharlo, volar con sus historias y maravillarse con su sabiduría y paciencia, porque vaya que hay que ser paciente para estar ahí tanto rato soportando la indiferencia del santiaguino apurado.

Pero hay un tercer grupo de personas que visita a este árbol. Son las parejas de enamorados, amantes, pololos o simplemente compañeros de besos. Llegan después de las 5 de la tarde y se quedan haciéndole compañía durante largo rato. Dan rienda suelta a su pasión y ya no queda espacio para las palabras, los besos abundan, casi como si dentro de poco se fueran a terminar y por lo tanto hay que aprovecharlos. A veces se detienen para intercambiar palabras y nuevamente continuan con los besos.
El árbol les acompaña y los cobija, les cuenta historias que nunca escuchan, pero no le importa...

Es el árbol. El árbol y las parejas.

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