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jueves, 5 de marzo de 2015

Con la sabiduría de la experiencia

Cuando comenzaba el año futbolístico de Colo-Colo no fueron pocas las voces que se levantaron para decir que el Cacique tenía un equipo lleno de viejos, que nos parecíamos a Fundación las Rosas y que eso nos pasaría la cuenta... y tenían razón.

Lo que Colo-Colo mostró anoche en su casa es el fruto del trabajo y de la experiencia de sus jugadores. Con un primer tiempo malo frente a Atlas, donde ellos tuvieron más oportunidades de irse en ventaja, donde Delgado y Flores no tocaban la pelota, con un Fierro errático en la defensa y sobrepasado constantemente por el delantero, no había mucho que hacer.
El único que jugaba con ganas y hacia adelante era (como en todos los partidos) Jaime "Pajarito" Valdés, se atrevía, empujaba al equipo, pero cuando daba el pase la pelota volvía a la mitad de cancha e incluso a la defensa. Suazo no existió el primer tiempo, es como si se sintiera incómodo en esa posición (en México jugaba de enganche sin problemas). Esteban Pávez tiene un notorio cansancio por tanto partido seguido, darle descanso este fin de semana no es mala opción con miras al clásico del 14. Paredes era una especie de náufrago, siempre estaba solo en el área y los centros de Jean o de Fierro llegaban a las cabezas mexicanas.

El segundo tiempo, con el triunfo de Colo-Colo, es mérito completo de Héctor Tapia que le dio medio a medio con los cambios de jugadores y tácticos que realizó. Entraron pulmones frescos al medio campo. Claudio Baeza se adueñó del medio terreno, quitó, corrió, distribuyó y llegó hasta el área misma de Atlas, se notaba con ganas, con la camiseta impregnada en su piel y eso contagió a sus compañeros. Felipe Flores seguía perdido, tocando mal, pero al menos arrastraba marcas para que se juntara la dupla Suazo-Paredes, ahí sí que funcionaban.
Luego salió el Pipe y nuevamente el cambio estuvo acertado, pues entró Emiliano Vecchio quien le dio más profundidad al ataque albo, ya no eran 3 delanteros, eran 6 o 7 los que llegaban al área mexicana. Así fue como de una salida explosiva, pase largo a Paredes, llega al área de Atlas, engancha, toca para Suazo, se la devuelven, saca el centro y derriban a Jaime Valdés: penal clarísimo.
Vino el gol Albo y Atlas se recordó que existía el reloj, recién ahí empezaron a apurar las acciones.
Pero la experiencia de la defensa colocolina pudo más. Si bien el equipo del norte se adueñó del balón por algunos minutos no pudo entrar con claridad al área.

Entonces ocurrió la falta que dejó a Atlas con un jugador menos, habían pegado todo el partido y el árbitro los llenó de tarjetas merecidas (después de esa condescendencia inicial). Una doble amarilla terminó por dejar sin fuerzas a los cuates. Y Tapia era el más concentrado de todos, hizo entrar al paraguayo en la defensa sacando a Jaime Valdés y cambiando el sistema táctico. Con tres en el fondo obligó a los laterales a soltarse y buscar el ataque, replegando así al rival para acertar con un contragolpe que nunca llegó. 
En el último minuto del partido ocurrió una especie de deja vu, Baeza sale rápidamente desde la mitad de cancha y deja solo a Fierro por la derecha, una habilitación a lo Coto Sierra. Gonzalo corrió y vio llegar por el medio del área al Bendito del Gol a quien se la tocó y éste con un sutil toque con el borde interno del pie izquierdo la manda al fondo del arco. De fondo las luces de los celulares adornaban el cuadro final. Ver ese gol y recordar las antorchas del 5 de junio de 1991 cuando Herrera convertía en gol el centro del mágico Barti fue una sola cosa.

Gracias Colo-Colo por ese desayuno y despertar tan feliz.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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