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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Para que nunca más

Hoy ya son 40 años de aquel fatídico y horrible 11 de septiembre de 1973, día que quedó marcado a fuego y sangre en la historia de este país.
En los últimos años muchos han llamado a "dar vuelta la página", a "mirar hacia adelante", a "olvidar el pasado triste", pero eso sería casi tan nefasto como el Golpe mismo.

Hace 40 años los sueños de miles de chilenos fueron arrebatados de cuajo. Esos sueños que se forjaron sin violencia, con una lucha intensa pero leal, donde siempre se esperó que ocurriera por la vía democrática como siempre lo quiso Salvador Allende. Finalmente se logró un 4 de septiembre de 1970 y se truncó 3 años después.

Por años se quiso vender el discurso de que el Golpe era necesario, de que era la única manera de salvar al país de la desgracia a la que la habían llevado los comunistas y socialistas. Hoy, 40 años después, la gente de Patria y Libertad confiesa lo que era un secreto a voces: ellos cortaron caminos para desabastecer al país. ¿Con qué fin? Con el fin de boicotear a un Gobierno que no les convenía a los que tenían más dinero. Allende siempre lo dijo antes de ser electo, había que expropiar los campos de quienes tenían demasiado, eso haría que la repartición de riquezas no fuera tan desigual, daría trabajo a más gente y se beneficiarían no unos pocos, sino muchos.
Algunos escondieron los productos y dijeron a la gente que esto era un problema del Gobierno, que había que sacarlo.

Unos días antes del Golpe el comandante en Jefe del Ejército le había jurado lealtad al Presidente, siendo que ya tenía todo planificado. Ese día 11 le dice a los que atacaron La Moneda que perdonarle la vida ya sería mucho. Qué triste.

No se trata de recordar para aumentar la odiosidad, no, no se hace con ese fin.
No se trata de conmemorar para dividir a un país, se trata de que esto nunca más ocurra. 
Si olvidamos sería fácil volver a cometer los mismos errores.

No, un dolor tan grande no se olvida, menos cuando todavía hay gente que no sabe donde quedaron los cuerpos de sus familiares.
Las torturas cometidas no se olvidan, menos cuando los que las realizaron siguen libres y sin arrepentimiento alguno.

¿Era necesario bombardear la Moneda para hacer salir a las 20 personas que ahí estaban?
¿Era necesario torturar y matar a todos aquellos que pensaban distinto?

Perdonar, puede ser, es algo de cada persona, pero olvidar jamás.

"Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”. (fragmento de su última intervención por Radio Magallanes, el 11 de septiembre de 1973, a las 9:10 AM)

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