El cuerpo del maestro fue llevado al cementerio, a uno muy escondido, casi abandonado. La idea era que sus seguidores no encontraran el cuerpo, querían cerciorarse de que nadie pusiera en duda que ya no existía que estaba muerto.
Sus amigos más cercanos siguieron ocultos, toda la tarde de ese día y al siguiente también. Estaban muy asustados y con una pena tremenda. No podían creer que ya no estaba con ellos. Se sentían culpables de su muerte y eso les ahondaba más la pena y la angustia.
La rabia que sentían no era sólo por quienes habían dictado la sentencia, sino también por ellos, por no hacer algo para que eso no ocurriese. La vergüenza era inmensa en cada uno de ellos.
Por más que estuvieran todos juntos en un cuarto, no lograban el consuelo ansiado. Estando en grupo se sentían solos, estaban vacíos... su amigo, el gran maestro, a quien conocieron en circunstancias muy especiales, ya no estaba, había partido, más bien, habían hecho que partiera.
La noche más triste de sus vidas fue la que les tocó pasar.
Al amanecer, se armaron de fuerzas, recorrerían cada cementerio de la ciudad buscando al maestro. Algunos tomaron sus automóviles, otros bicicleta y unos pocos en moto, cada uno, con las fuerzas que le quedaban querían estar por última vez junto al cuerpo de su gran amigo.
Y algo inesperado estaban por descubrir.
Mañana, último capítulo.
Sus amigos más cercanos siguieron ocultos, toda la tarde de ese día y al siguiente también. Estaban muy asustados y con una pena tremenda. No podían creer que ya no estaba con ellos. Se sentían culpables de su muerte y eso les ahondaba más la pena y la angustia.
La rabia que sentían no era sólo por quienes habían dictado la sentencia, sino también por ellos, por no hacer algo para que eso no ocurriese. La vergüenza era inmensa en cada uno de ellos.
Por más que estuvieran todos juntos en un cuarto, no lograban el consuelo ansiado. Estando en grupo se sentían solos, estaban vacíos... su amigo, el gran maestro, a quien conocieron en circunstancias muy especiales, ya no estaba, había partido, más bien, habían hecho que partiera.
La noche más triste de sus vidas fue la que les tocó pasar.
Al amanecer, se armaron de fuerzas, recorrerían cada cementerio de la ciudad buscando al maestro. Algunos tomaron sus automóviles, otros bicicleta y unos pocos en moto, cada uno, con las fuerzas que le quedaban querían estar por última vez junto al cuerpo de su gran amigo.
Y algo inesperado estaban por descubrir.
Mañana, último capítulo.



