jueves, 12 de mayo de 2016

La generación sin privacidad

Una de las más grandes humillaciones y ridiculizaciones que podía sufrir era cuando mi mamá mostraba mis fotos de cuando era niño a quien fuera mi polola. En esa época no habían cámaras digitales, por lo que la foto era como salió en el momento, no estaba la opción para revisarla, borrarla y tomar otra. Además como era con rollo siempre se elegían momentos especiales para las fotos: el primer baño en tina, la caída del primer diente, el primer día de escuela (a veces con los ojos llorosos), los cumpleaños y las fiestas de disfraces.
¡Qué vergüenza! Eso de que el pasado me condena se aplica 100% en cada una de esas fotos.
Pero ahí estaba mi mamá, mostrando esos recuerdos.

Ahora todo ha cambiado, las fotografías digitales son de todos los días y puedes tomar la misma imagen cientos de veces hasta que salga bien. Es lo que hacen muchos con su foto de perfil de facebook, se toman varias y eligen la mejor.
Sin embargo no solo nos conformamos con subir fotos nuestras, sino también la de nuestros hijos, es más, pareciera que es la cuenta de facebook de ellos porque los álbumes de fotos están llenas de sus imágenes.

Esos niños y niñas ya no tienen privacidad, ya sus madres no podrán avergonzarlos cuando tengan polola o pololo porque sus imágenes son de conocimiento público, desde su primer baño desnudos hasta que se casan. Hasta cuando tienen cara de enfermo están dando vueltas por la web, y vaya que le molesta a un adulto, sobre todo mujer, que le tomen fotos cuando tienen cara de enfermos.

No sé si les hará bien o mal en el ámbito psicológico, no me he puesto a realizar ningún estudio, ni a constatar de si es cierto o no lo que algunos médicos sostienen, lo que sí sé, y es por la evidencia diaria, que estos niños y niñas llenan las redes sociales sin que ellos sepan. Los conoce hasta la amiga de la amiga de la vecina de la mamá y sin antes dar su autorización para publicar sus fotos.

Es en estas ocasiones cuando más sentido me hace la frase "no hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti".

(El opinar y escribir sobre este tema no me exime de responsabilidad, pues también la tengo).

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

jueves, 31 de marzo de 2016

El amor mata



Hace poco tiempo un periódico chileno tituló "El amor y los celos la mataron" en directa alusión a un caso del homicidio de una mujer a manos de su "novio". Desafortunada frase para el titular de un Diario.

Y digo de un Diario porque si esa misma frase la ocupamos en un libro  de psicología o filosofía el efecto no sería el mismo, ya que si alguien lo leyó es porque probablemente quiera adentrarse más en el artículo y leerlo completo, donde el autor se puede explayar sobre lo que quiere decir.

Yo sostengo que el amor sí mata. Pero no mata físicamente, pues nadie muere de amor.
Cuando amas hay algo en ti que muere. El verdadero amor te mata el egoísmo, propio de todo ser humano. Se muere esa preocupación exclusiva en ti mismo y nace algo que nunca habías sentido antes: el querer que la otra persona esté bien y feliz. Mueres para ti mismo y naces para el otro.

Esta muerte la experimentan todos quienes realmente han conocido el amor, ya sea de pareja, de hijo, de amigo, de papá o mamá, de lo que sea. El padre o madre muere para sí mismo y se entrega completamente a su hijo. Muchas veces incluso muere para su pareja, pues no sabe como manejar ni encauzar este amor que siente por ese pequeño. En la mayoría de los casos mueren los carretes, muere esa vida social que tenías y te entregas a una nueva vida social, a esa que tiene que ver con tu hijo y que te lleva a cumpleaños infantiles y a hablar de pañales, pataletas, travesuras y todo lo que tenga que ver con el ser más pequeño de la casa.

El amor mata. El amor se lleva esa cápsula que te encierra en ti mismo y te hace ver que hay otro a quien quieres hacer feliz. El amor mata hasta esa "necesidad" por comerse hasta el último bocado del pastel para poder darle a esa otra persona no solo una probada, sino todo.

Es una muerte transformadora, hermosa, que te hace sentir mejor, que te muestra de lo que eres capaz y te sorprende día a día. Es una muerte que no deja ni víctimas ni victimarios, solo beneficiados.

Sí, yo puedo decir que el amor mata.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

jueves, 3 de marzo de 2016

Los Años Maravillosos

Durante la década de los 80 se exhibió en Chile, en televisión, una serie norteamericana en la que el protagonista recordaba su infancia y adolescencia entre 1968 y 1973, esa bella época del colegio, Los Años Maravillosos.
Y bueno, en mi caso no es muy distante, puedo decir que esos años de estar en el colegio fueron mis propios años maravillosos.

Cada día era una aventura, desde el primer día que estuve en una sala, en el prekinder, donde junto con un amigo nos escapamos un par de veces de la sala y nos pillaron ocultos en otro lugar, sin razón alguna. En kinder ya éramos "grandes", así que ahí conocí a mi primer amor: la tía María Elena (o como se llame porque no me acuerdo bien del nombre). Recuerdo que lo que más me gustaba de estar ahí era poder revisar esos libros con pop up, o sea, que los abría y aparecía un castillo o un animal que se salía de las hojas para que yo lo tocara.


De primero a quinto básico asistí a un colegio que quedaba cerca de mi casa. Ahí fui premiado por rendimiento académico, aprendí a leer muy bien a mitad del primero, tuve un mismo profesor jefe durante todos esos años, nos tiraban las patillas del pelo cuando nos portábamos mal, tuve una fuerte discusión con mi profesor en tercero porque yo no quería hacerle caso de puro orgulloso que era. También me enamoré, pero de esos amores platónicos que uno siempre recuerda. Una de ellas era compañera mía, estaba en mi sala, cerquita, pero siempre supe que no me pescaría ni en bajada.
La otra era de un curso superior, ojitos verdes, tez blanca y cabello más abajo de los hombros, liso. 

Además fueron los años en que me dieron un poco de independencia en mi hogar y me dejaron irme solo desde el colegio a mi casa. Incluso una vez intenté engañar al inspector, y ya lo había logrado, pero cuando iba a salir por la puerta me arrepentí y conté la verdad.

En sexto básico me cambié a otro colegio en el cual me quedé hasta salir en cuarto medio. Qué maravillosos años. Sería egoísta con todo el resto de mi vida decir que esos años fueron los mejores, pero sí puedo decir que fueron maravillosos.
Era la época en que no existían las consolas de vídeo juegos (solo contábamos con "Atari"), no existía el Internet, menos los teléfonos celulares. Es por eso que no hay tanto registro gráfico de lo que viví en esos años, pero sí está el recuerdo en la mente de lo bien que la pasé jugando a la pelota en la calle, al tombo, las naciones, el corte cadena, el caballito de bronce en el colegio, al bachillerato, y tantas cosas más que me hacen mirar hacia atrás y sentirme feliz.

Hoy, para mis hijos, estar en el colegio ya no es lo que yo viví, es todo muy distinto, porque en 30 años vaya que ha cambiado la sociedad. Es quizás por eso que muchos padres y madres dejamos a nuestros hijos con aprensiones en su sala de clases, y estamos ansiosos de que ya sea la tarde para poder verlos y preguntarles como estuvo su día.
Pero bueno, hay que crecer también, y no lo digo por ellos, lo digo por mí como padre, porque soy yo el que debe entender que mis hijos ya están creciendo y que empiezan a ver el mundo con sus propios ojos y a interactuar de manera independiente con su entorno, con todo lo que eso significa.

Tal vez nunca esté listo ni yo, ni tú para soltar a los regalones de la casa, solo sé que ocurrirá y debo empezar a asimilarlo.

Por ahora hay que dejarlos que disfruten de esto que empiezan, de estos Años Maravillosos.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

martes, 23 de febrero de 2016

Entre la risa y el llanto

Chile, esa larga y angosta faja de tierra, no es un paraíso terrenal ni mucho menos, es un bonito país, pero con muchos, pero muchos problemas.

Las farmacias se coluden, los empresarios del papel higiénico se coluden, los supermercados se coluden, Sebastián Dávalos gana plata de manera turbia, Jovino Novoa evade impuestos, comete fraude al fisco y ahí está, en su casita disfrutando de sus millones igual que el hijo de la Presidenta. Todo esto da rabia, nos emputece, nos genera impotencia, pero si lo dice un tipo en la Quinta Vergara con un poquito más de chispa no solo nos reímos, sino que falta poco para que lo postulen a Presidente de la República y al Premio Nobel solamente por expresar lo que todos pensamos.

Surge el aplauso, el premio, la glorificación al personaje y las frases como "Se pasó"; "Por fin alguien dice la verdad"; "Grandioso, es lo que Chile necesita".

Pero a la hora de cambiar esas "verdades" por algo que nos guste de verdad, preferimos hacer nada, dejar que todo sigue igual.
He llegado a pensar que la sociedad chilena disfruta con que la clase política actual nos siga metiendo el "guañaño" en el ojo. Claro, es que así tenemos algo de que quejarnos y le damos material a los "humoristas" para que se rían de este extraño fenómeno.

Si hasta eso se le aplaude a los que suben a la Quinta Vergara, hasta la burla a nosotros mismos por ser tan imbéciles, pasivos y conformistas.

Siga no más, siga alabando a alguien que dice las cosas por la pantalla, porque de seguro se quedará con eso no más y no hará nada, pero absolutamente nada, para que políticos como Dávalos y Novoa no sigan aprovechando ese puesto de privilegio que tantos millones le otorgan.

Ya no sé si reír o llorar.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Colo-Colo es pasión

Tuvimos la oportunidad de ganar dos torneos este semestre y ya perdimos uno.
Y parece ser que a algunos no les importa.

Siento vergüenza deportiva que mi equipo pierda con el archirrival, sobre todo por el momento que vive la U, quien está a 19 puntos de Colo-Colo, casi colista. Más encima tuvimos que empatar el partido, porque no nos dio para marcar el primer gol.
A eso agrégale que Johnny Herrera, el más anticolocolino de todos los que existen en Chile, tapa un penal y marca el último.
¿Cómo no sentir vergüenza de eso?

Y espero se entienda bien, no estoy minimizando al rival porque sea la U o sintiendo más vergüenza porque sean ellos, sino que siento vergüenza porque esto es Colo-Colo, porque cualquier derrota da vergüenza, porque perder un título no es justificable, porque no existen los triunfos morales. No, eso es para otros clubes y otros hinchas, a mí eso no me sirve.

Como hincha del Cacique espero que todos los que nos representan sientan lo mismo o parecido. No le pido a todos los que trabajan en este club sientan los colores como los siento yo, pero sí les pido que se empapen de lo que esto significa y dejen su mediocridad y conformidad de lado.

José Luis Sierra, a quien le agradezco los títulos logrados como jugador en Colo-Colo, y a quien respeto en su labor de DT actual, le pido que se ponga la camiseta blanca, pero de verdad, no solo con frases como "Colo-Colo es un club grande que debe ganarlo todo".
Le pido que de verdad se sienta colocolino y sienta vergüenza por lo de ayer sin justificar la derrota (porque empatar frente a un rival que está a 19 puntos de diferencia es una derrota) diciendo que somos el equipo de mejor rendimiento del año. ¿De qué me sirve ese rendimiento? ¿Crees que le voy a decir a mis hijos "Colo-Colo fue el de mejor rendimiento del 2015"?
No, Coto, esto es el Cacique, este es el club que se forjó por una lucha social, por una reivindicación de los jugadores jóvenes. Lo que valen son los títulos y no los rendimientos.

Cuando ese 19 de abril de 1925 se lanzó la frase "¡Vámonos Quiñones!" no fue para acumular rendimientos en números, sino para ser campeones, para dejarlo todo en la cancha, para jugarse la vida en cada partido, sobre todo en las finales y sobre todo frente al archirrival.

Colo-Colo no es solo un club o un lugar donde trabaje un montón de gente, no, Colo-Colo es PASIÓN.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

martes, 17 de noviembre de 2015

Mujer: un mundo por descubrir

Ya son 38 años los que he vivido. Son 38 años de relacionarme con mujeres desde mi concepción y la cosa no es nada de fácil.

Tratar con un hombre es cosa muy sencilla, pues el 95% de los varones actuamos y pensamos igual, no es la gran diferencia entre uno y otro. En cambio una mujer, uf, eso sí que requiere de un doctorado en la Universidad de las Relaciones Humanas, y aún así quedaría corto.
Cada mujer es un mundo distinto. Es como la cartera de cada una. No todas tienen lo mismo en su interior, sino que cada una tiene su toque especial, su personalización.

Decir que conozco a la mujer sería de una soberbia gigante, además de una calumnia. Solo puedo decir que mi relación con ellas se da en las distintas formas que tienen: madre, hija, hermana, primas, cuñadas, tías, abuelas, suegra, esposa, ex-esposa (cosas que pasan), jefas, compañeras, amigas, hija de mi mujer, mi mujer, en fin, una diversidad grande de personas distintas, en roles distintos y cada una con las dificultad que conlleva.

Claro, porque no es llegar y decir "a las mujeres les gusta que les regalen flores", porque ni siquiera eso se da en la mayoría de las féminas. No es como en el varón donde seguimos un patrón en el 95% de los casos. La mujer es distinta y llegar a conocer completamente a una es algo que no podré lograrlo jamás.

Por supuesto que pongo mi mayor esfuerzo en conocerlas para saber como tratarlas, sobre todo en dos de todas las mujeres con las que de alguna manera me relaciono: una es mi hija, quien a sus cortos 4 años no solo me maravilla, sino que también me da mucho trabajo para comprender su mundo y poder acompañarla y no estorbarla. Y la otra mujer que concentra mis esfuerzo es Mi Mujer, quien ya ha vivido muchas cosas a lo largo de su vida y en las cuales solo he estado presente el último año, por lo que la misión de conocerla es un desafío, pero no un sacrificio, pues lo hago con gusto.

Sé que al final de mis días no lo habré logrado al 100%, pero sí pretendo acercarme un poco, al menos llegar al 80% después de compartir tanto tiempo con mis mujeres. Pero tampoco me frustraré si no lo consigo, es más, disfrutaré el camino que esto significa, pues cada día será una aventura.

Esta es la invitación que te hago el día de hoy y que me hago a mí mismo, a adentrarte en el mundo de tus mujeres, a disfrutar cada minuto de relación con ellas, aunque eso a veces te saque de quicio o requiera de que tu paciencia llegue a límites insospechados. Ten presente que nuestra simpleza de ver las cosas también saca de quicio al sexo femenino por lo que también significa para ellas poner a prueba su paciencia.
Atrévete a recorrer los mundos de la mujer, pues cada día junto a ellas es como ingresar al ropero de los hermanos Pevensie, caminar por entre los abrigos y llegar al lugar donde sentirás en tus pies la nieve o el césped de Narnia.

¿Estás listo para una nueva aventura?

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

martes, 3 de noviembre de 2015

La Libertad

¿Cómo se puede ser realmente libre en una sociedad?
Lo pregunto porque siempre hay restricciones, siempre hay que cosas por las cuales serás sancionado o sancionada si llegas a realizarlas.

Quizás la pregunta debería ser ¿Qué es la libertad? Y ahí ya nos meteríamos en un análisis filosófico griego de señores muy ancianos y con barba. Yo solo cumplo con eso de tener barba... tan anciano no soy.

"La verdad os hará libres", dice La Biblia, y esa debe ser la definición, y a la vez consecuencia, más sencilla de entender acerca de la libertad.
Cuando llevas la Verdad como bandera de lucha te haces realmente libre, pues dejas de ser esclavo de tus mentiras. Si faltas a la verdad una sola vez, entonces para mantenerla debes seguir actuando con mentiras, con falsedades, y eso te hace prisionero de una vida al extremo. Por algo, según estudios científicos, los hombres que poseen amantes están más propensos a tener infartos cardíacos que aquellos que no. Ese estrés constante de la mentira te hace su prisionero.

Incluso nos podemos dar cuenta de eso cuando somos chicos y se nos rompe el florero. Para que no se den cuenta ocupamos una mentira, ocultamos el daño hasta que la mamá (sí, por lo general es ella) se da cuenta que el florero está estropeado. Ahí viene la mentira magistral: "Fue el perro". En ese minuto tu cerebro se hace esclavo de la mentira pues debe recordar siempre que "fue el perro" quien lo rompió, y esa mentira no te dejará en paz jamás.


Tomando en cuenta esto solo tú te darás cuenta de cuando eres libre y cuando no.
Es más, el egoísmo también te hará perder tu libertad pues siempre estarás preso de ti mismo, de buscar tu beneficio personal sin importar a quien dañes, cosa que al final no solo te quitará la libertad, sino también la dignidad.


La libertad es un ingrediente más de la felicidad, que no se te olvide incluirlo en la receta.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Share

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites