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martes, 29 de octubre de 2013

El hombre invisible

Como motociclista hay una cosa que tengo clara y es que cualquier descuido por parte mía o por parte de los otros conductores puede causarme un accidente grave, incluso fatal.
No es que al manejar moto esté buscando la muerte, todo lo contrario, busco disfrutar más la vida al demorarme menos en trasladarme de un lugar a otro, por lo mismo lo hago con un cuidado extremo.

Una de las cosas que aprendí al andar sobre una moto es que soy invisible. Sí, pero no es algo literal, no te creas. Soy invisible para los automovilistas, por lo que siempre debo procurar hacerme visible, mostrarme, mirar el espejo retrovisor de ellos para cerciorarme que me vieron antes de adelantar o de cambiar de pista.

Esa invisibilidad no me ha vuelto ni invencible ni un imbécil (esto último lo podemos discutir), sé muy bien que corro un peligro mayor que los automovilistas, pero por lo mismo tomo mayores precauciones que ellos. De partida no me puedo permitir desconcentrarme ni medio segundo, todos los sentidos deben estar bien atentos a cualquier movimiento del tránsito y de lo algunos peatones imprudentes.

Cada vez que me subo a la moto temo por mi vida y ese temor me ha hecho ser muy prudente, no como algunos otros motociclistas que no respetan la pista que les corresponde, que pasan pegado a mí a gran velocidad y que se meten entre los autos como si fueran intocables. No, yo sé que hasta el menor contacto con un auto me puede mandar lejos, sé que soy invisible para ellos y que aunque yo tengo la preferencia debo hacerme a un lado si él o ella quieren meterse a la mala en algún lugar.

Siempre pensé en que si me encontraba una lámpara mágica le pediría al genio el poder para hacerme invisible, pero ahora que lo soy, aunque sea por media hora, no me gusta tanto.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Libertad condicional

Parto diciendo que no soy un suicida, que es lo que se podría pensar por el hecho de que ando en moto por las calles de Santiago, por las carreteras, por Avenida Kennedy y por tantos otros lugares por los que es peligroso transitar. Pero no, al contrario, amo la vida, con mis imperfecciones, con las injusticias de las que soy testigo, con la tristeza de la enfermedades, con eso y más amo la vida, pues sé que siempre habrá una solución a cualquier problema.

La moto para mí es mi medio de transporte, el que me ahorra lucas y tiempo que disfruto junto a mis hijos o en otras actividades donde ellos no están (sí, también es bueno tener más vida que la de ser padre o madre). También es un medio para sentir algo de la libertad que tanto me gusta, no libertinaje, sino libertad, esa que se siente cuando el viento llega a a tu rostro, cuando no te tapa ningún techo, cuando sientes el frío en tu piel y cuando te refrescas con el viento en pleno verano.
Me pongo el casco y me desconecto del mundo, solo está al frente la calle y alrededor los vehículos que me mantienen siempre alerta. No hay tiempo para preocupaciones, solo debo concentrarme en la pista y en mi destino. Y cuando es un simple paseo, mucho mejor, así quito una preocupación de mi cabeza, solo tengo que manejar.

Desde pequeño no soportaba abotonarme el último botón de la camisa, usar beatle, ponerme pulseras, anillos, collares o usar el botón de la manga de la camisa ¡No! Siempre he detestado esas cosas, siento que me ahogan. Ni hablar de usar corbata, eso es casi una tortura que soporto en aquellas ocasiones en que debo utilizarlas, solo porque soy un respetuoso del protocolo y del vestir elegante, cosa que no hago tan seguido, lo que es un alivio.

Puedes tildarme de loco por andar en moto, pero arriba de ella siento esa pequeña libertad, una libertad condicional como le llamo, pues aún arriba de ella tengo que regirme por normas de tránsito, de convivencia y de respeto por la vida. Pero loco y todo, soy un poco más libre cuando me subo a ella, soy un poco más solitario y sigo siendo inmensamente feliz.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

martes, 28 de junio de 2011

Mi diario de motocicleta 2

Empecemos a derribar mitos en cuanto a los motoqueros. Uno de esos mitos dice lo siguiente:
"el motoquero tira pinta, le va bien con las mujeres".
Puede ser cierto eso de que el motoquero tira pinta, pero eso dura lo que uno tarda en bajarse de la moto y sacarse el casco, es como la escena aquella de Fiona esperando a su príncipe encantado y ¿a quién ve?... a un ogro.
Las motos por sí solas tiran pinta y tal vez el que la conduce tira pinta en un semáforo en rojo, pero así es refácil, lo único que se le ve al motoquero, sobre todo en otoño-invierno, son los ojos. O sea, más encima hay que tener unos ojos de color claro o una mirada seductora para tirar pinta... cero posibilidad.
Y si la moto es una scooter, olvide eso de que va a tirar pinta, con suerte le preguntarán si es difícil o no manejarla.

Otro de los mito es: "el motoquero pasa frío arriba de la moto". Ese mito es cierto en la medida que no te abrigues bien, pero si lo haces como es debido no se siente nada. La técnica es vestirse como cebolla: por capas. La primera capa de ropa es pegada a la piel y luego vienen 2 o 3 capas más, el que lo hace así no pasa penurias... Sí, su deducción es correcta, ocupo matapasiones en mis piernas, todo sea por evitar el frío.

Si usted conoce otro mito que haya que derribar le invito a anotarlo, compartirlo, comentarlo, reírse de él o en una de esas el mito se vuelve leyenda.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

martes, 14 de junio de 2011

Mi diario de motocicleta

Las historias que se pueden contar sobre las motocicletas y sus conductores son muchas, pero no todas de ellas reales, así que no crea todo lo que se dice, lo que escucha o lo que lee sobre esas personas que desafían el viento y el frío cada día en su corcel de dos ruedas.

Una de las cosas que se dice es que somos un tanto locos aquellos que nos subimos a una moto y si bien es cierto que unos cuantos lo son, también es cierto lo que leí en una entrevista que le hicieron a "Chaleco" López donde dice que para andar arriba de una moto NO hay que ser loco, pues el que lo es, lo más probable es que no pase Agosto. Hay que andar con los sentidos muy alerta, concentrado al máximo, pues los "eventos", las piedras, la gente que se cruza, o los automovilistas que se creen dueños de la calle aparecen de repente.

Ya llevo más de un año arriba de una moto, me he caído, me han botado, he sentido frío, me he achicharrado en verano, viajé a la playa y quise recorrer el sur de Chile, pero quise no más, el bolsillo y el corazón dijeron otra cosa, era mejor quedarse en Santiago. He tenido que empujar mi moto unas cuantas cuadras cuando he quedado en panne y vaya que cuesta, son unos cuantos kilos que hay que llevar al lado, y si es en subida se siente mucho más.

En fin, se pueden vivir muchas cosas arriba de una moto, incluso te puede morder un perro como me ocurrió el sábado recién pasado. Y hay otras cosas que aún no he experimentado, como aquella que tiene más pinta de mito urbano que de realidad, y me tinca que no lo haré, se me imagina muy incómodo... debe ser algo así como hacerlo en la playa, después la arena... hablo de almorzar arriba de la moto, por si acaso tu mente se estaba yendo para otro lado.

¿Y cuándo te animas a andar en una motito?

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

martes, 11 de enero de 2011

Mi primera vez

Apuesto que te llamó la atención el nombre de esta nota, claro, es normal, vives en Chile, el país donde la mente siempre se va para lo más oscuro de nuestro ser, o mejor dicho, hacia donde siempre queremos que vaya.
Lamento decepcionarte, esta primera vez tiene que ver conmigo y mi moto... No, no te imagines nada, cochino... la motofilia no existe.

El día jueves recién pasado se me ocurrió que sería bueno pegarme un viaje desde Santiago a Valparaíso el día domingo, así que me preparé para ello. Compré lo necesario para no quedar tirado en pleno viaje. El sábado obtuve mi TAG (maldito elemento del demonio) y ya camino a casa me percaté de un pequeño golpeteo en la parte izquierda de la moto, me llamó la atención, pero lo atribuí al mismo movimiento de la moto.

A las 8 de la mañana del día domingo partí rumbo a la bencinera para llenar el estanque y luego emprender el rumbo a la costa. La noche anterior leí en algunos foros que ese golpeteo podía ser de la cadena que estaba un poco suelta. Esa mañana de domingo comprobé que era así, pero como soy porfiado partí igual a lo que ya había planificado.
Pasé por el primer peaje y me detuve un poco a descansar. Ahí pude ver que en realidad estaba suelta la cadena y que más encima le faltaba una "pequeña" cosa que después sabría de que se trataba.

Llegué al puerto sin problemas, con un poco de frío, pues allá estaba nublado y helado, y en moto eso sí que se siente. Estacioné mi Renegade en una plaza y tomé el colectivo para ir donde mi hermana. Todo bien hasta ahí.

Después de almorzar partí rumbo a Viña del Mar y sentía que el golpeteo era aún mayor y claro, si la cadena estaba bien suelta. Como era domingo se me ocurrió llegar a alguna vulcanización para que me ayudaran a tensar la cadena. Recorrí y pregunté. Me mandaron por una calle, pero yo, por alguna razón, tomé otra y seguí buscando. Llegué a una bomba de bencina y me mandaron a una de las calles principales. Al llegar allá me di cuenta que era muy similar al barrio 10 de Julio de Santiago, mucho taller mecánico y venta de repuestos, pero era domingo, todo cerrado.
Llegué a una vulcanización abierta y me dice: "no, yo no trabajo con motos, lo siento". Me mandó para otro lado y como yo no sabía como irme, me metí por otra calle.
Ahí ocurrió el milagro, ahí corroboré que nunca estoy solo, que siempre está Él acompañándome. Por la calle que iba estaba la cortina de un taller mecánico de MOTOS semiabierta. Me detuve y le pregunté al mecánico si me podía ayudar. Miró la moto y me dijo "claro que está suelta la cadena, se nota de lejos... sí, yo se la tenso". Cuando miró de cerca la cadena me preguntó "¿se le ha salido la cadena?", le dije que no y me comentó que tenía suerte, porque esa pequeña pieza que le faltaba era el candado, es decir, sin eso, en cualquier momento la cadena se salía y yo quedaba tirado en donde fuera.
La repararon, la lubricaron y pude ir tranquilo a la playa y después de vuelta a Santiago.

No sé si a ti te ha pasado alguna vez algo así de increíble, porque para mí fue como haberme sacado el Kino. En ese momento era lo que necesitaba, un taller de motos, pero era domingo, no encontraría abierto, mas una mano me llevó a ese lugar.
Siempre Dios me sorprende con este tipo de cosas, sin ni siquiera pedirle ayuda me llevó justo donde yo debía estar. Solo me queda decir: GRACIAS Señor.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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