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jueves, 2 de julio de 2009

Bebés plastificados

¡No puede ser! Acá en Chile nos agarramos de la primera "moda" que salga y la hacemos propia, o quizás fuimos nosotros los creadores y yo ni me he enterado de ello.

He visto con sorprendente horror (y espero que no se ofendan quienes optaron por esta alternativa) como las mamaes (como diría mi amigo Papelucho) y los papaes llevan a sus bebés en coche cubiertos con un plástico, como si fueran productos en exhibición o un bicho raro contaminante. Entiendo que haga frío en el ambiente, pero pese a ello yo no me ando plastificando para evitarlo, con un buen chaleco y harta ropa todo pasa, porque hay que decirlos, esos pobres niños y niñas, aparte de estar con la bolsa, apenas se les ven los ojos... ni hablar de que se muevan, los arropan tanto que llegan a perder la movilidad en sus músculos.

Primero fue la amarra para que los niños no se pierdan en los centros comerciales, pareciendo verdaderos perritos, mientras la mamá o el papá pajaroneaba mirando las vitrinas; ahora es el plástico que los cubre del frío y los hace parecer animalitos en exhibición...

¿Qué vendrá después?
Lanza tu idea, podrías hacerte millonari@.

viernes, 5 de septiembre de 2008

El chupete, pero no el de la Roja.

Desde hace mucho tiempo mi papá y mi mamá me cuentan que cuando yo era un bebé me hice tan adicto al chupete que cierta noche, tipo 3 de la madrugada lloré y lloré porque no tenía un chupete, consecuencia de eso fue que mi papá tuvo que partir en taxi a comprar uno a la farmacia de turno.
Estuve tantos años atrapado por el chupete que eso provocó que mi mandibula tuviera ciertas malformaciones que hicieron que yo tuviera que usar frenillos pues los dientes me estaban saliendo hacia afuera y no hacia abajo.

Esas dos experiencias me hicieron ver lo malo que es que los bebés usen chupetes y me hizo pensar en que cuando tuviera un hijo lo criaría sin chupete. Afortunadamente mi mujer es Educadora de párvulos y estaba de acuerdo conmigo en este tema.

Cada vez que el tema fue tocado en el grupo de amigos o de familiares me preguntaban ¿y cómo lo harás si se despierta en mitad de la noche llorando? y yo respondía, "con paciencia y amor, lo tomaré en mis brazos y lo consolaré". La respuesta casi inmediata a eso eran risas y la frase "ya cambiarás de opinión cuando eso te pase".

Gabriel está pronto a cumplir 15 meses de vida y con orgullo puedo decir que jamás usó chupete. Cuando en sus primeros meses de vida se despertó en la noche era por hambre, entonces la Jacque le ponía el pecho y se calmaba, pero ya desde los 7 meses que no toma pecho y seguía despertando en la noche, pero en menor cantidad. La solución siempre fue que la Jacque o yo nos levantáramos, fuéramos a su pieza (sí, ya dormía en su habitación), lo tomáramos en brazos y con unos cuantos besitos lo volvíamos a poner en su cuna para que siguiera durmiendo.
Siempre nos resultó.

Hace poco vi la foto de la hija de una amiga que ya tiene 2 años con un chupete en la boca. Diariamente veo un montón de niños con los benditos chupetes, que a mi parecer son sinónimo de "cállate, aquí tienes algo para cerrar la boca". Tengo una amiga que está esperando a su segundo bebé y espero que este pequeño o pequeña no use ese chupete, jejeje, ese fue un palito para esa mamá y ese papá.

Se puede, con amor todo es posible, con amor hasta el llanto de un bebé es hermoso.

lunes, 9 de junio de 2008

Primer año

El cumpleaños de Gabriel se ha convertido en todo un acontecimiento, y es hasta paradójico pues para el festejado no significa nada, es más, ni siquiera sabe que cumplirá un año de vida el próximo jueves 19.
Sin duda que para este pequeño ese día será como uno más.

Es un acontecimiento porque para sus padres lo es, o sea, para Jacque y para mí. Ha sido un gran año y el cumplirlo amerita una celebración (ya les llegará la invitación). La vida cambió radicalmente para ambos. Ahora no estamos solos en casa y eso se nota, sobre todo por estos días cuando Gabriel lo único que quiere es caminar y agarrar todo lo que está a su alcance, si incluso en la casa de sus abuelas toma el equipo de música y le sube el volumen para ponerse a bailar, aunque debo reconocer que en eso del baile se parece a mí: cualquier ritmo lo baila igual jajaja, si hasta la música lenta le pone todo el ritmo posible.

Es un año de dormir menos y reírse mucho más, y eso es caleta ya que antes de Gabriel nos reíamos bastante. ¿Cómo no hacerlo si tenemos a un pequeño que te hace "cambio de luces" con los ojos para conquistarte? ¿Cómo no reír si parece borrachito caminando hacia los brazos míos o de su mamá? ¿Cómo quedarse serio cuando aplaude con un cuchuflí entre las manos?
La vida de nosotros ya no es la misma, la casa tampoco, porque aunque desde el principio haya sido destinada una pieza para él todo ha cambiado. Cuesta mantener el orden con él dando vueltas. No ver una miga de pan en el suelo es raro. Tener los pequeños basureros vacíos es casi imposible.

Claro que es un acontecimiento que ha requerido de cambios físicos en la casa. Este fin de semana pasado nuestros amigos Karen y Checho nos ayudaron a pintar los muros. El fin de semana que viene pondremos pastelones en el cobertizo para poder recibir a la gente. Quizás no sean muchos cambios, pero lo son y eso es por el acontecimiento que significa para los padres que su hijo cumpla un año de vida.

martes, 27 de mayo de 2008

La lluvia

Anoche cuando me estaba acostando llovía copiosamente (bonita palabra copiada de los relatos futbolísticos que escuché en mi adolescencia). Desperté a las 4 de la madrugada con el llanto de Gabriel, que me parece era por frío, y seguía lloviendo. Y cuando finalmente me levanté para ir a ducharme (aunque les cueste creer yo también me ducho y me enjabono entero para estar limpiecito), a las 6 y media de la mañana, continuaba lloviendo. Por conclusión brillante deduje que las calles estarían mojadas (es aquí cuando la multitud me aplaude por mi gran ocurrencia) y que no sería fácil transitar por ellas.

Cruzar la calle Lo Ovalle en Quilicura casi me costó quedar en medio de la laguna que se formó. Entonces apreté el botón oculto del Albito y junto a Gabriel y Jacque empezamos a remar para poder salir. Luego vino el otro problema: los vidrios empañados. Eso que se sumaba al agua que caía hacía que mi visualización fuese casi nula, ni con el pañito que tenía se ponía mejor la vista.

No les diré que era un bólido en la autopista, pero sí puedo decir que llegamos a salvo a la sala cuna los tres para esperar la inauguración.
Todo iba bien hasta que a Gabriel le dio sueño y fue tanto, que lloraba sin consuelo, con lágrimas corriendo por sus mejillas y sollozos que hacían más triste la escucha. Tuve que partir hacia otro rally, esta vez a la casa de mi suegra para que el campeón durmiera tranquilo.

Ahora que estoy en el trabajo sigue lloviendo, y bastante, por lo que supongo que el camino a casa será dificultuoso y un tanto largo.

Esa es mi ciudad, llueve un poco (esta vez ha sido mucho) y se inundan las calles.

Bueno, saludos a mis lectores y ánimo para ponerse los impermeables y llegar en bote a casa, mojados como diuca, a comer sopaipillas.

lunes, 26 de mayo de 2008

Lunes otra vez

Por Dios que cuesta comenzar la semana. Es en estas ocasiones cuando le encuentro toda la razón a Garfield en cuanto a odiar los lunes, más aún, creo que no deberían existir, alguien debería legislar para que se supriman para siempre los días lunes, a menos que sean feriados, ahí sí que da gusto.
Propondría que la jornada laboral comenzara a mediodía cada lunes, así todos llegaríamos con buena cara y a una hora decente a la pega, porque eso de llegar entre 8 y 9 a trabajar con cara de poto (sí, hay que decirlo, no he visto caras radiantes el primer día de la semana) que ni el maquillaje ni la ducha pueden disfrazar. Y cuando digo cara de poto no es que me refiera al de Jennifer López, más bien díría que me refiero al de la Bruja del 71.

Si al día Lunes le agregamos que durante la madrugada tu pequeño hijo de casi un año te despertó 4 veces para pedir un abrazo (y seguramente acostarse junto a ti) y seguir durmiendo tranquilamente en su cuna, la cara de sueño es terrible. La gente que te mira en la calle llega a bostezar de puro mirarte el rostro de "necesito dormir un poco más".
También es cierto que despertarte con el llanto de tu hijo es muy distinto a que si lo haces con el despertador. Al primero lo amas y al segundo lo odias. Con el primero eres capaz de levantarte hasta 5 veces en medio de la noche solamente para abrazarlo, darle un beso y acostarlo; con el segundo es muy distinto, lo escuchas una vez y lo apagas como queriendo creer que es parte del sueño, la segunda vez que lo escuchas sabes que te tienes que levantar pero dices para ti mismo "a la próxima me levanto", y ya la tercera vez que lo escuchas o te levantas o llegas tarde a la pega, eso si es que no optaste por tomar el despertador y arrojarlo contra la pared.

Me quedo con mi despertador humano, porque aunque sea con llanto no es un llanto de dolor sino que es por la necesidad de que su mamá o su papá le den un abrazo para después acurrucarse en sus brazos y seguir roncando (sí, mi pequeño ronca y más fuerte que yo).

Igual empezar un lunes es bueno, quiere decir que tienes una nueva oportunidad de ser mejor, de ser útil, de aportar a la sociedad, de ganar dinero, de jugar, de ir al colegio, de estudiar, de llorar, de reír, de gozar... uf, un sinfín de cosas que puedes hacer en un nuevo día.
Apróvechalo y sé feliz.

Que tengas un buen comienzo de semana.

viernes, 23 de mayo de 2008

¿Temporal o huracán?

El ver el título de este comentario puede resultar extraño viviendo en Chile, ya que en este país los huracanes no existen, sólo los conocemos por la relevisión y las películas catastróficas donde siempre hay una gringo que es el héroe y al cual todos aplauden (comentario aparte y exclusivo se merece la gente que al finalizar la película aplaude).
Los temporales sí que los conocemos y prueba de ello es el que estamos viviendo por estos días en la zona centro-sur del país, justamente cuando las alarmas de sequía se estaban encendiendo y que ahora se ven un tanto acalladas con toda el agua que ha caído, pero ojo, que el agua sigue siendo escasa y el ahorro debe continuar, nada de andar revendiendo las ampolletas de ahorro de energía para cambiarlas por las llamativas y redondas ampolletas de 100, 60, y0 y 25 watts (sí, de esas watts que se atornillan en el soquete). Yo todavía tengo de esas ampolletas, pero las estoy ocupando para ponerles un calcetín y poder surcirlo como mi abuelita me enseñó. No sé que le pasa a mis pies, pero todas las semanas tengo que andar reparando los calcetines porque se les produce una muy bonita "papa". Puede ser que los calcetines sean malos (cosa que no creo, porque comprar 5 pares por mil pesos es un precio excesivo) o porque las uñas de los dedos de mis pies crecen de una manera inusual, así como en punta (aclaro que me las corto constantemente, algo así como cada trimestre).

Bueno, el tema en cuestión era otro, estaba hablando de los temporales que nos tienen a mal traer en muchas ciudades y se me cruzó el huracán de estupideces por la mente y se transcribieron en este blog.
Del huracán que les quería hablar es del Huracán Gabriel. Sí, es el mismo que hoy ya tiene 11 meses de vida cumplidos y se encamina a pasos agigantados al año. Y digo que se encamina porque así es literalmente. Lo dejo gateando en la casa o jugando tranquilamente en su pieza y rápidamente se da vuelta, se dirige a la puerta, la abre (por supuesto que no la toma del pomo porque no alcanza, solamente la abre ya que yo se la dejo entreabierta) y gatea como un bólido hacia la cocina o hacia el lugar donde nos encontremos. Agarra lo que está a su alcance. Se toma de las sillas y se para, se va caminando afirmándose de la pared o de las mismas sillas. Su sueño es tomar los discos compactos que están apilados debajo del televisor y botarlos, pone cara de travieso cuando se dirige hacia ellos y si su madre o yo le decimos que no lo haga más se ríe, como diciendo "jejeje, lo haré igual".

Prefiero mil veces más a mi pequeño huracán que a los temporales. Mi huracán se despierta dos o tres veces en la madrugada llorando pidiendo que lo abracen y que lo acuesten nuevamente en su cuna para poder seguir soñando. En cambio los temporales te despiertan para llevarse todo o para asustarte.
¿Cómo no preferir a este huracán?

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