martes, 5 de noviembre de 2013

Comentario cinéfilo: El Conjuro

Es la película de terror que más tiempo ha estado en cartelera en las salas de cine en Chile, de hecho ya está su versión en dvd en otros países y acá todavía la siguen dando.
El Conjuro es de esas películas que hace rato que no se veían, por lo menos por mi parte, ya que logra asustar de verdad, mantenerte expectante durante todo el filme.

Recuerdo haber visto El exorcista en el cine cuando la lanzaron por su chorrocientos aniversario, con las escenas antes eliminadas y que esa vez estuvieron en pantalla. Fue la última vez que había sentido miedo en una sala de cine.
Sin penas ni glorias pasaron películas como "El proyecto de la Bruja de Blair", "El grito", "La Huérfana", "Con el diablo adentro", "El aro" y otras más que eran bastante predecibles.

La música, la ambientación, los sonidos, todo está muy bien logrado en esta película, todo se confabula para provocar susto en los momentos que menos lo esperas. No es la típica película donde la misma música te anuncia que se viene algo que te pretende asustar, al contrario, la melodía confunde, te prepara para algo que no viene y que aparece de la nada.

Estar en la sala de cine y sentir escalofríos es una sensación que devuelve el alma al cuerpo, que me hace sentir más vivo que nunca, cosa que por supuesto te recomiendo vivir.

El que esta historia sea tomada de un caso real es lo que la hace más escalofriante, porque piensas todo el rato que eso mismo te podría ocurrir a ti y que ya le ha sucedido a otras personas, de hecho, eso mismo que se ve en la película es solo una pincelada de lo que realmente le sucedió a esa familia durante los 10 años que vivieron en esa casa y que puedes leer un poco más en la Guioteca.

Ya sabes, si quieres pasar un momento adrenalínico, apaga las luces de la casa, amplifica bien el sonido y siéntate a ver esta película... y luego sal a pasear, porque de seguro no podrás dormir.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

martes, 29 de octubre de 2013

El hombre invisible

Como motociclista hay una cosa que tengo clara y es que cualquier descuido por parte mía o por parte de los otros conductores puede causarme un accidente grave, incluso fatal.
No es que al manejar moto esté buscando la muerte, todo lo contrario, busco disfrutar más la vida al demorarme menos en trasladarme de un lugar a otro, por lo mismo lo hago con un cuidado extremo.

Una de las cosas que aprendí al andar sobre una moto es que soy invisible. Sí, pero no es algo literal, no te creas. Soy invisible para los automovilistas, por lo que siempre debo procurar hacerme visible, mostrarme, mirar el espejo retrovisor de ellos para cerciorarme que me vieron antes de adelantar o de cambiar de pista.

Esa invisibilidad no me ha vuelto ni invencible ni un imbécil (esto último lo podemos discutir), sé muy bien que corro un peligro mayor que los automovilistas, pero por lo mismo tomo mayores precauciones que ellos. De partida no me puedo permitir desconcentrarme ni medio segundo, todos los sentidos deben estar bien atentos a cualquier movimiento del tránsito y de lo algunos peatones imprudentes.

Cada vez que me subo a la moto temo por mi vida y ese temor me ha hecho ser muy prudente, no como algunos otros motociclistas que no respetan la pista que les corresponde, que pasan pegado a mí a gran velocidad y que se meten entre los autos como si fueran intocables. No, yo sé que hasta el menor contacto con un auto me puede mandar lejos, sé que soy invisible para ellos y que aunque yo tengo la preferencia debo hacerme a un lado si él o ella quieren meterse a la mala en algún lugar.

Siempre pensé en que si me encontraba una lámpara mágica le pediría al genio el poder para hacerme invisible, pero ahora que lo soy, aunque sea por media hora, no me gusta tanto.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

martes, 22 de octubre de 2013

¿Resurrección?

Hace rato ya que quieren matar a Colo-Colo y lo peor es que lo hacen justamente quienes llegaron como salvadores de una tremenda crisis económica. Pero a poco andar vimos que de salvadores no tenían nada. Se remató el teatro Monumental y la histórica sede de Cienfuegos. Casi hicieron lo mismo con el estadio Monumental, pero afortunadamente no lo llevaron a cabo.

Blanco & Negro desarticuló todo el trabajo que se venía haciendo en Colo-Colo, se suponía que era para mejorar, pero hoy vemos los frutos de todo eso. Lo único que se logró desde la llegada de esos nefastos empresarios fue un  tetracampeonato logrado por Claudio Borghi junto a una generación de lujo de jugadores formados en casa durante las administraciones anteriores, es decir, de la mano de B&N solamente fracasos en lo deportivo y destrucción de nuestro patrimonio.

Todo esto ha llevado a que por estos días ganar sea casi una anécdota, un milagro, la alineación de los planetas que hicieron que Colo-Colo triunfara por sobre el único equipo en Chile que tiene paternidad sobre el Cacique: Cobreloa. Y se ganó a lo Colo-Colo, con garra, con empuje, con esa fuerza que hace rato no se ve en la cancha y que se la tuvo que inyectar desde la banca un nacido en el club: Héctor Tapia.
Por ahí va el camino, no por llenarnos de figuras de renombre, si no por tener a gente que de verdad quiera a la institución y se la juegue a concho en cada partido. Imagina que en este partido fue tanto lo que se batalló que hasta Felipe Flores se mandó flor de gol en el último minuto. Él le pegó no más, y lo más probable que haya tirado un pase al centro, pero es tan quemado el pobre que hasta eso le salió mal y la pelota se fue dentro del arco.

Señores, una golondrina no hace verano, el que se cambie de técnico, el que se gane un partido, no hará que la cosa mejore, es solo una píldora para aliviar este tremendo dolor de ver como destruyen a tu institución por la cual sufres, ríes, lloras y te alegras.

Qué se vayan todos, pero todos los de Blanco & Negro. Vendan sus acciones, los socios nos haremos cargo.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

martes, 8 de octubre de 2013

Una visita inesperada

Sale todos los días muy temprano a dejar a sus hijos al colegio. Saca su auto rojo y no mira a nadie, solo le importa salir, dejar atrás su pequeño refugio y entregarse a sus deberes cotidianos.
Llega siempre en la tarde-noche, cuando ya sus vecinos y vecinas logran verla pasar. Ella no los mira. Ellos retroceden.

Algo tiene esa mujer que los asusta. Es guapa, pero seria, tanto que llega a dar miedo para quien no la conoce. Se entrega a la risa con facilidad, pero manejando va concentrada, atenta al camino, sin mirar los rostros de sus vecinos, sin dar la posibilidad de que la saluden.

Esa noche algo cambió. Una mujer llegó a su casa para decirle que ella les provocaba miedo a toda la gente del barrio, que nunca habían querido decirle nada, pero que con lo acontecido la semana anterior alguien tenía que enfrentarla.
Atónita, pero con su rostro desafiante escuchó cada palabra que le dijo la señora. Le decían que había atropellado a un perro y que éste había muerto. No podía creerlo, a la velocidad que maneja eso es casi imposible, además se hubiese dado cuenta, pero aquello no ocurrió.
Le dijeron que era mala, soberbia, altanera. Cada palabra abría una hería en ella, cada palabra era una punzada en su corazón.
¿Qué había hecho ella para merecer este trato? Solo quería vivir su vida en paz, por eso no miraba a nadie, por eso no saludaba a nadie.
Lloró amargamente, en parte por el perrito muerto, pero su verdadera pena era esa sensación de hacer las cosas mal.

A los pocos días había una reunión en el barrio, pero no la invitaron. Ella se enteró y hasta preparó una defensa para su caso, estaba segura que le enrrostrarían la muerte del animal. Su corazón se había endurecido para ese momento, llevaba una coraza que sería difícil desarmar para volver a hacerle daño.
Apenas la vieron llegar ella notó que estaban sorprendidos y asustados con sus presencia al punto que no la miraron mucho.

Darían comienzo al tema en tabla. Su coraza se puso más y más dura. "Estimados vecinos y vecinas, los hemos convocado para tratar el tema de la pavimentación de la calle". Se quedó de una pieza,  no podía creerlo, la desarmaron completamente con esas palabras.

Volvió la paz a su corazón, volvieron las ganas de creer en sí misma y en la gente que la rodea, volvieron las ganas de ayudar, de colaborar, de ser parte de su barrio.
Esa noche algo cambió, pasó de ser la más temida del barrio a ser la delegada para ver el tema de la pavimentación. Por fin dejarán de hablar de ella y le pondrán más empeño para conocerla, sin prejuicios de ningún tipo.
Hoy ya no la miran con temor, hoy la abrazan con amor.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Libertad condicional

Parto diciendo que no soy un suicida, que es lo que se podría pensar por el hecho de que ando en moto por las calles de Santiago, por las carreteras, por Avenida Kennedy y por tantos otros lugares por los que es peligroso transitar. Pero no, al contrario, amo la vida, con mis imperfecciones, con las injusticias de las que soy testigo, con la tristeza de la enfermedades, con eso y más amo la vida, pues sé que siempre habrá una solución a cualquier problema.

La moto para mí es mi medio de transporte, el que me ahorra lucas y tiempo que disfruto junto a mis hijos o en otras actividades donde ellos no están (sí, también es bueno tener más vida que la de ser padre o madre). También es un medio para sentir algo de la libertad que tanto me gusta, no libertinaje, sino libertad, esa que se siente cuando el viento llega a a tu rostro, cuando no te tapa ningún techo, cuando sientes el frío en tu piel y cuando te refrescas con el viento en pleno verano.
Me pongo el casco y me desconecto del mundo, solo está al frente la calle y alrededor los vehículos que me mantienen siempre alerta. No hay tiempo para preocupaciones, solo debo concentrarme en la pista y en mi destino. Y cuando es un simple paseo, mucho mejor, así quito una preocupación de mi cabeza, solo tengo que manejar.

Desde pequeño no soportaba abotonarme el último botón de la camisa, usar beatle, ponerme pulseras, anillos, collares o usar el botón de la manga de la camisa ¡No! Siempre he detestado esas cosas, siento que me ahogan. Ni hablar de usar corbata, eso es casi una tortura que soporto en aquellas ocasiones en que debo utilizarlas, solo porque soy un respetuoso del protocolo y del vestir elegante, cosa que no hago tan seguido, lo que es un alivio.

Puedes tildarme de loco por andar en moto, pero arriba de ella siento esa pequeña libertad, una libertad condicional como le llamo, pues aún arriba de ella tengo que regirme por normas de tránsito, de convivencia y de respeto por la vida. Pero loco y todo, soy un poco más libre cuando me subo a ella, soy un poco más solitario y sigo siendo inmensamente feliz.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Para que nunca más

Hoy ya son 40 años de aquel fatídico y horrible 11 de septiembre de 1973, día que quedó marcado a fuego y sangre en la historia de este país.
En los últimos años muchos han llamado a "dar vuelta la página", a "mirar hacia adelante", a "olvidar el pasado triste", pero eso sería casi tan nefasto como el Golpe mismo.

Hace 40 años los sueños de miles de chilenos fueron arrebatados de cuajo. Esos sueños que se forjaron sin violencia, con una lucha intensa pero leal, donde siempre se esperó que ocurriera por la vía democrática como siempre lo quiso Salvador Allende. Finalmente se logró un 4 de septiembre de 1970 y se truncó 3 años después.

Por años se quiso vender el discurso de que el Golpe era necesario, de que era la única manera de salvar al país de la desgracia a la que la habían llevado los comunistas y socialistas. Hoy, 40 años después, la gente de Patria y Libertad confiesa lo que era un secreto a voces: ellos cortaron caminos para desabastecer al país. ¿Con qué fin? Con el fin de boicotear a un Gobierno que no les convenía a los que tenían más dinero. Allende siempre lo dijo antes de ser electo, había que expropiar los campos de quienes tenían demasiado, eso haría que la repartición de riquezas no fuera tan desigual, daría trabajo a más gente y se beneficiarían no unos pocos, sino muchos.
Algunos escondieron los productos y dijeron a la gente que esto era un problema del Gobierno, que había que sacarlo.

Unos días antes del Golpe el comandante en Jefe del Ejército le había jurado lealtad al Presidente, siendo que ya tenía todo planificado. Ese día 11 le dice a los que atacaron La Moneda que perdonarle la vida ya sería mucho. Qué triste.

No se trata de recordar para aumentar la odiosidad, no, no se hace con ese fin.
No se trata de conmemorar para dividir a un país, se trata de que esto nunca más ocurra. 
Si olvidamos sería fácil volver a cometer los mismos errores.

No, un dolor tan grande no se olvida, menos cuando todavía hay gente que no sabe donde quedaron los cuerpos de sus familiares.
Las torturas cometidas no se olvidan, menos cuando los que las realizaron siguen libres y sin arrepentimiento alguno.

¿Era necesario bombardear la Moneda para hacer salir a las 20 personas que ahí estaban?
¿Era necesario torturar y matar a todos aquellos que pensaban distinto?

Perdonar, puede ser, es algo de cada persona, pero olvidar jamás.

"Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”. (fragmento de su última intervención por Radio Magallanes, el 11 de septiembre de 1973, a las 9:10 AM)

jueves, 5 de septiembre de 2013

El Euro-Peo

Lo conozco desde que era un cachorro, recuerdo su pelo rubio y las "pequeñas" pataletas que hacía en ese entonces. Era el más pequeño de mis primos, pero siempre quería estar con nosotros, los que nos creíamos grandes.
¿Cómo olvidar esas tardes de verano en que nos sentábamos a mirar como jugaba Súper Nintendo SOLO? Claro, si el cabro era picado, como le ganábamos nos dejaba sin jugar para poder ganar un partido, si con suerte le ganaba a mi hermano. ¡A mi hermano! al que nunca le gustó el fútbol. Recuerdo que de picados nos íbamos a jugar a la pelota afuera y lo dejábamos solo en la pieza... hasta que llegaba como perro arrepentido para chutear un rato.

Creció jugando pool junto al Tata, y de paso aprendió todas las "mañas" que nuestro abuelo utilizaba en el juego. De hecho, en el verano, pasaba más tiempo en el pool que en su propia casa. No digamos que se convirtió en el mejor jugador del mundo, pero algo aprendió, al menos ahora no se pica tanto cuando pierde.

Inolvidable cuando cierta tarde de diciembre nos encontrábamos haciendo tonteras con fuegos artificiales cerca de su casa, y algo salió mal, estuve a punto de quemarme toda la cara y el pelo, pero como no pasó nada le dijimos que se quedara callado, que no dijera nada... Claro, a los 7 años es difícil mantener el silencio, partió corriendo a contarle a sus padres, a los míos y a todos los que estaban en la casa. Hasta ahí llegó la diversión de ese día.

Tiempo después, cuando ya tuvo su título profesional, se fue a trabajar al sur de Chile, solo, aburrido. Y en parte, los que quedamos acá en Santiago, también nos aburrimos de no tener sus locuras cerca. ¿Quién nos iba a hacer reír tanto? Con suerte lo veíamos cada 2 meses.
Para más remate después vuelve, pero para preparar las maletas nuevamente, ahora el destino sería Europa.

Y se fue no más, le hicimos despedida para que se fuera con ganas y no volviera más. Pero no resultó...
En España se lanzó a la buena vida, la canción de Ricky Martin se convirtió en su himno y él en su ídolo. Sí, allá conoció su verdadera identidad, abrió el closet y se liberó. Todo lo supimos por fotos y algunas cosas que él mismo nos contaba desde su lugar de "estudio".

Finalmente estuvo solo 5 meses en Europa, pero llegó convertido en todo un Cotito, hasta con acento español. Era el nacimiento de un nuevo Euro-Peo.

Hoy ya celebra su cambio de folio, 30 años de vida, de experiencias, de alegrías y locuras, y también, porque no decirlo, de indecisiones. Ha vuelto y hoy celebra su nuevo año de vida de la mano de una mujer, no la de su madre, de otra mujer... ¿Será pantalla? No lo sabemos.
Solo nos queda agradecer todas esas alegrías que nos da cada vez que nos reunimos, en lugar donde anda las risas no faltan. Ya bueno, es cierto que a veces nos reímos de él, pero la mayor parte de las veces es él quien nos hace reír con sus historias.

Un abrazo grande, en sus 30 años, para nuestro querido Juanjo.



Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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